Elisamccoy.com Conversaciones · Nº 03

◆  Octubre 2026

Juana Everett

El miedo son ganas.

Juana Everett cruzando un río descalza
Foto: Cristina Jul

Este mes me siento con Juana Everett, amiga desde la universidad hace veinte años. Canta desde que tiene memoria, y un día lo dejó todo para irse a Los Ángeles a dedicarse a la música. Hablamos de la voz, del cuello, del colegio y del miedo.

Ese gesto que haces así con las manos [manos en la cara], ¿lo sueles hacer a menudo? ¿Qué te ha llevado a ponerlas así ahora mismo?

Pues querer centrar la atención, ¿no? Como taking a moment.

¿Cómo te sientes en tu cuerpo ahora?

Bien, bien.

¿Hay alguna diferencia entre cómo te sentías en el cuerpo cuando nos conocimos hace 20 años en la universidad y cómo te sientes ahora?

Sí, bueno, han pasado 20 años, claro. Ahora me llevo mucho mejor con mi cuerpo de lo que me llevaba. Lo conozco mucho mejor y me relaciono con él con más cuidado y con mucho más amor.

¿Lo tratabas mal?

Fatal, fatal.

¿En qué sentido?

Comía fatal, no cuidaba nada mi alimentación, bebía muchísimo, no hacía deporte… A esa edad el cuerpo te lo aguanta todo. Era un bien que no sabía apreciar. Lo utilizaba para desconectarme de mi cabeza, más que como una herramienta a mi servicio.

¿Y ahora lo usas como herramienta?

La vida es un eterno aprendizaje, pero sí, mucho más.

¿Quieres a tu cuerpo?

Sí, sí. Y respeto sus límites.

¿Cómo lo cuidas? ¿Qué haces para cuidarlo?

No lo cuido todo lo que debería. Debería descansar más, pero ya sabes tú que no es posible. Mi alimentación sí que es buenísima, y de eso me siento muy orgullosa. Es una parte de mi vida súper nutritiva, también a nivel personal. Me encanta preparar la cena, mejorar y aprender siempre con los ingredientes que utilizo. Llevo mucho tiempo haciendo lo mismo, así que intento variar. Me cuido a mí y los cuido a ellos de esa manera. Antes no: comía cuando tenía hambre… Dieta de cigarrillo y café.

¿Qué es lo peor que le has hecho a tu cuerpo?

El consumo de drogas, creo.

¿Y lo mejor?

El deporte y la alimentación sana. Y amor, abrazos, cariño.

¿Qué tiene que ver tu profesión con el cuerpo?

Hombre, bastante. Cantar y tocar música ya es físico a cierto nivel. Para mí la liberación de la voz es un aspecto esencial de mi felicidad y de mi identidad. Y cantar tiene algo muy físico también: elevar la voz, ocupar espacio.

¿Y qué se suelta cuando cantas? ¿Algo físico o emocional?

Es emocional total. Para mí es la expresión más honesta de mis emociones, de mi cuerpo emocional. Me conecta con partes de mí que no puedo conectar de otra manera.

¿Dónde sientes la voz? ¿En el pecho, en la cabeza?

En la cabeza, sí, total. Resuena un montón en la cabeza. Suena hacia arriba, por aquí, en lo que llaman la máscara. Y también en el pecho.

¿Hay alguna posición o postura al cantar que te ayude más, que te frene más o que sea más cómoda para ti?

Tener la espalda recta es fundamental. Si estás sentada, con una buena posición de espalda. Pero de pie creo que es mejor; quizá también se proyecta más.

¿Y qué te llevó a cantar?

No sé, cantaba desde pequeña. Siempre me han encantado las canciones; no recuerdo no querer cantar. Me regalaron un Casio de esos de colores con micrófono y, desde el primer momento…

Estabas cantando.

Estaba con mi micrófono, bailando, inventaba canciones, hacía programas de televisión. Me encantaba escuchar música, cantar las canciones que aprendía y bailar, aunque bailar no tanto. Nunca ha sido mi campo ni he sido buena bailando. Lo típico, te apuntas a una clase de aeróbic, que estaba de moda en nuestra época.

El aeróbic, qué tiempos.

Eran los 90 y todo era muy de bailar; el baile estaba muy incorporado en las clases de ejercicio para mujeres. Súper divertido, pero yo veía a la gente coordinarse y yo ahí detrás: «ay, Dios mío», que no me enteraba de nada.

¿Cuál fue tu primer deporte o arte físico?

El voleibol, de pequeña, y me encantaba. Nunca fui muy buena, pero me gustaba un montón. Tiene ese rollo de equipo en el que, dentro del equipo, tienes tu propia función.

¿Lo elegiste tú?

Sí. De hecho, me apunté primero a baloncesto, pero no me veía ahí, con el cuello mirando para arriba, corriendo de aquí para allá. Los deportes de correr, no. En el voleibol haces sprints para llegar a la pelota, pero no estás corriendo constantemente por el campo. El fútbol lo odiaba.

¿Necesitas lo físico? ¿Notas enseguida cuando tu cuerpo no está bien?

Cien por cien.

¿Y qué haces cuando no estás bien? ¿Qué haces para estar bien?

Andar. Eso es lo mejor, lo que me resetea. No es un deporte intenso: estás en la naturaleza, respiras.

¿Qué paseos das ahora?

Por aquí, por la sierra de Guadarrama, por las vías pecuarias.

¿Cuál fue el último paseo que diste?

La semana pasada, con mi padre y con Lira, un paseo en familia. Vamos a la charca de las ranas, que ahora está seca, y volvemos.

¿Y haces algo de trabajo de fuerza?

¿Te acuerdas de que probé ese gimnasio de circuito, con fuerza y bastante peso? Yo pensaba que me iba a beneficiar, pero no me está sentando bien. En las dos o tres semanas que lo he hecho he pensado: esto es not for me. Es demasiado intenso, y luego me quedo tres días hecha una lechuga. Lo doy todo el lunes y el jueves ya no puedo más. Quizá venga con ser de mediana edad, ¿me entiendes? Pues unos buenos paseos, tu yoga, algo de fuerza… Quizá menos peso y más repeticiones… Cuando he ido al gimnasio a mi bola, he estado muy a gusto.

¿Qué dolores tienes en el cuerpo?

Me engancho mucho aquí, en el cuello. Siempre tengo esa postura de tensión en los hombros y el cuello.

¿Y por qué crees?

Por mi carácter, por mi personalidad. Siempre estoy ahí, en alerta.

¿Estás en alerta?

Siempre, sí. Me cuesta relajarme.

¿De dónde crees que viene ese estado de alerta?

De toda la vida, de ser muy sensible. Las cosas te afectan mucho y te proteges poniéndote un poco a la defensiva. Es un sistema de autoprotección desfasado. Lo que pasa es que, cuando lo incorporas a muy temprana edad, luego lleva mucho tiempo desprogramarlo. Sí. Y encima tengo el cuello un poco rectificado.

¿Y qué haces cuando tienes el cuello tenso?

Intento hacer algunos ratos de yoga para movilizar toda esa zona y abrir bien el pecho. Intento relajarme y operar en mi vida más despacio. Hacerlo todo más despacio, como a cámara lenta.

¿Sientes que el dolor ha ido a más desde que eras más joven?

Creo que depende de la etapa de la vida. Por ahora no siento un deterioro. Mi cuello seguramente ya está así, pero tampoco sé cuánto tiempo lleva así.

¿Qué relación tenías con tu cuerpo de niña, si lo recuerdas? ¿Te viene alguna emoción rápidamente que localices en alguna zona del cuerpo?

Sí he podido identificar ese sentimiento de alerta del que hablamos, que es muy de estómago. Pero no sabría identificar algo concreto en una parte del cuerpo. Me encantaba moverme, ir en bici, bailar, pero a lo loco, sin tener que seguir a un monitor. Y en el cole aprendí desde muy pequeña mucho la contención. Fui a un cole de monjas.

¿Solo de niñas?

No, era mixto, pero católico. Al final es una formación de «compórtate, no llames la atención, siéntate bien, sé buena». Y ser buena era no molestar. Si eras buena, estabas calladita sin decir mucho. Creo que, por eso, más tarde, dije: tengo que cantar. Por toda esa represión de la infancia, sin poder decir ni mu.

Es muy generacional. Calladita, más guapa.

Pero yo creo que la religión, para mí, lo empaña todo un poco, porque lo lleva a another level. Eres mala y estás decepcionando a un ser supremo que te puede castigar. Es todo muy dark.

¿Sientes que ya has liberado esa contención de niña?

Sí. Seguro que me queda mucho por liberar todavía, pero me he deshecho de mucha carga.

¿Y eso es gracias a cantar?

Y a todo: a vivir, a mudarme, a dejarlo todo y volver a empezar, a serme fiel. A no deprimirme, a recuperarme. Creo que tiene que ver con vivir.

¿Qué tal estaba tu cuerpo cuando decidiste dejarlo todo, irte a Los Ángeles y dedicarte 100% a la música? ¿Tenías un cuerpo que te acompañaba, fuerte, que te decía «tú puedes», o uno que te decía «uf, quizá te equivocas»?

Yo creo que los dos. Conviven ahí, como el ángel y el diablo, cada uno en un hombro. Obviamente tienes que echarle un par, y lo haces, pero precisamente le estás echando un par porque hay una parte de ti que está acojonada. El miedo son ganas.

El miedo son ganas. Eso me lo dijiste tú hace mucho, me acuerdo perfectamente.

Claro, el miedo está ahí, pero en el fondo alimenta también lo otro: cuanto más miedo tienes, más ganas necesitas para superarlo. Lo pasé fatal los primeros años en L.A., pero bueno, pasados están. Check. Lección aprendida, aunque ni sé cuál es, pero sé que algo cambió. Algo se liberó, de una manera u otra.

¿Qué es lo más arriesgado que has hecho en tu vida?

Seguramente eso, cambiar de país.

De continente.

De continente, sí, dejando aquí a mi familia. Pero creo que más arriesgado habría sido no hacerlo, porque ahí me habría perdido a mí misma. Es más arriesgado no hacer lo que quieres hacer.

Te dolería mucho más el cuerpo.

Me dolería mucho más todo.

Es más arriesgado no hacer lo que quieres hacer.

¿Cómo te preparas físicamente para un concierto?

El mismo día intento hacer un poquito de yoga al levantarme, 15 minutitos, para movilizar la energía. Bebo bien de agua todo el día. Por la mañana caliento la voz 15 o 20 minutos: hago un poco de warm up y me canto alguna canción. Luego como ligero. En la sala hago la prueba de sonido, y luego, al ir a cambiarme, intento hacer otros 10 minutitos de warm up y cantarme unas cuantas canciones. O sea, dos calentamientos. Y si me da tiempo a dar un paseo, sería divino, pero no me suele dar tiempo.

¿Sientes que es necesaria la activación del cuerpo?

Sí, para alinearme, estar hidratada y estar dentro de la práctica. Saber que en el mismo día ya he tenido mi par de ratitos de cantar y de conectar con mi voz.

¿Qué sientes cuando estás en un escenario?

Depende del día. Cuando va mal pues no estás en el momento. Estás preocupada por esta canción o por no fallar aquí, y te sales del momento. Si no está yendo bien, es porque no estás donde tienes que estar. A veces se pasa muy rápido, porque te lo pasas pensando y no estás viviendo. Es cuando entra el miedo, y piensas en cosas que no deberían distraerte de la magia que se supone que se tiene que crear. Pero si se da bien, libertad total. Un espacio de libertad para poder expresar, conectar y tener la atención de la gente para ofrecer algo donde nos encontremos. Eso me mola.

¿Y cómo se siente tu cuerpo cuando terminas un concierto?

Pues como después de un workout súper, ¿no? Cuando de una sesión de ejercicio de estas que acabas como te quedas así como relajada, total, satisfacción. Sí que es verdad que igual como relajada físicamente porque has estado acumulando como esa estamina para tocar y luego es como, ya está hecho, entonces es satisfacción y relajación física, pero sí que me quedo como con el cerebro muy despierto, o sea, no puedo tocar e irme a dormir, ¿me entiendes? Siempre necesito como ir a casa y pasarme un par de horas como bajando la energía psicológica.

¿Sientes a tu cuerpo feliz después de un bolo?

Sí, en general siempre.

¿Cómo crees que puedes tratar a tu cuerpo para que te acompañe el resto de tu vida de la mejor manera posible, y también en el escenario?

Descansar más. Aprender a relajarme. Y estar a bien con irme a la cama a las 10 de la noche. Hay un chip aquí que dice que no, que necesito hacer más, cuando en realidad lo que necesito es parar.

Esta noche te vas a dormir a las 10.

Bueno, a las 10:30. (risas)

Y si quieres escuchar su voz: